Recuerdo la primera vez que me enamoré. Era un niño. Tenía entre 9 y 10 años y ella era dos años mayor que yo, iba a la clase de mi hermano. Me acostaba cada día pensando en ella, y queriendo dormir pronto para que el día siguiente llegara cuanto antes y poder verla de nuevo. A la mañana siguiente el hecho de pensar que iba a verla antes de que tocara la campana para ir a clase era una motivación extra para acudir al colegio.
Observarla en el recreo era un regalo del cielo y eran los 30 minutos más bonitos del día. No me hacía falta que fuera correspondido, aunque era lo que más deseaba en este mundo. Pero aceptaba que no fuera así y disfrutaba sólo con el hecho de verla. Yo le entregué mi corazón aunque ella no lo quisiera, ella me hizo sentir por primera vez el amor de forma intensa, sin condiciones, sin expectativas, tal y como el amor es. No tenía ni ojos, ni pensamientos para otra persona, y fue así durante mucho tiempo. El amor que me hacía sentir era tan completo que no necesitaba absolutamente de nada más. Podía soñar con ella, abrazarla, besarla y tocarla en mis sueños, y eso era mágico. Con un solo pensamiento el amor invadía mi ser y era completamente feliz.
Creo que la fidelidad tiene un origen divino que va totalmente ligado al amor. Nace de manera voluntaria en uno mismo, sin esfuerzos, sin sacrificios, sin pensar.
Pero la fidelidad se ha mal entendido en nuestra sociedad. La corrupción de la espiritualidad (religión) la ha marcado como indispensable y la ha hecho obligatoria en cada pareja. La individualidad, el concepto de posesión de las personas, el matrimonio (como contrato), todo ha sido distorsionado por el ser humano olvidando el origen divino y la magia de todo ello. Esto hace que la sociedad, de manera general, esté desorientada en el tema del amor. Hace que busquen en el sexo lo que sólo el amor puede dar. Están con personas porque es una regla social que todos han de cumplir, y así comienzan a llenar el tarro de los ajos con cebollas. Cuanto más llenes el tarro de ajos con cebollas, menos espacio para los ajos tendrás. Por eso la gente es infiel, porque no están con las personas que aman realmente y porque siguen llenando el tarro de cebollas.
Esto se agrava con la información que recibimos continuamente en todas partes. La gente cuida su apariencia más que su esencia y la tentación está en las calles cada segundo. Hoy en día es más fácil mirar a las tetas a una chica que mirarla a los ojos. Es más fácil ver a un rey de gimnasio que a ver a alguien que cultiva su interior. El macho alfa destaca en nuestra sociedad. Alguien que viste con una camisa Ralph Lauren y conduce un Mercedes atrae más que alguien que no tiene coche y que sus camisas no lucen ningún distintivo reconocido por la sociedad. Por tanto la infelicidad crece en las personas, y aumenta el sentimiento de posesión para mantener lo poco que realmente tienen, aunque sean cebollas podridas que pretenden ser ajos.
Así ser fiel se convierte en un trabajo difícil, algo que requiere esfuerzo, y cuando después de ser fiel tu cebolla no lo es, duele. Tu ego se ve dolido porque han desestimado todo tu trabajo y sacrificio. Pero cuando has probado numerosas cebollas y encuentras un ajo. Procuras meterlo en su tarro y valorarlo. Y no mezclarlo con cebollas que lo puedan pudrir, porque conoces su valor, lo difícil que es encontrar ajos y lo importantes que son. Y esto sucede de manera voluntaria, sin sacrificios, sin esfuerzos. Simplemente porque lo sientes así y así lo haces.
NAMASTE
Observarla en el recreo era un regalo del cielo y eran los 30 minutos más bonitos del día. No me hacía falta que fuera correspondido, aunque era lo que más deseaba en este mundo. Pero aceptaba que no fuera así y disfrutaba sólo con el hecho de verla. Yo le entregué mi corazón aunque ella no lo quisiera, ella me hizo sentir por primera vez el amor de forma intensa, sin condiciones, sin expectativas, tal y como el amor es. No tenía ni ojos, ni pensamientos para otra persona, y fue así durante mucho tiempo. El amor que me hacía sentir era tan completo que no necesitaba absolutamente de nada más. Podía soñar con ella, abrazarla, besarla y tocarla en mis sueños, y eso era mágico. Con un solo pensamiento el amor invadía mi ser y era completamente feliz.
Creo que la fidelidad tiene un origen divino que va totalmente ligado al amor. Nace de manera voluntaria en uno mismo, sin esfuerzos, sin sacrificios, sin pensar.
Pero la fidelidad se ha mal entendido en nuestra sociedad. La corrupción de la espiritualidad (religión) la ha marcado como indispensable y la ha hecho obligatoria en cada pareja. La individualidad, el concepto de posesión de las personas, el matrimonio (como contrato), todo ha sido distorsionado por el ser humano olvidando el origen divino y la magia de todo ello. Esto hace que la sociedad, de manera general, esté desorientada en el tema del amor. Hace que busquen en el sexo lo que sólo el amor puede dar. Están con personas porque es una regla social que todos han de cumplir, y así comienzan a llenar el tarro de los ajos con cebollas. Cuanto más llenes el tarro de ajos con cebollas, menos espacio para los ajos tendrás. Por eso la gente es infiel, porque no están con las personas que aman realmente y porque siguen llenando el tarro de cebollas.
Esto se agrava con la información que recibimos continuamente en todas partes. La gente cuida su apariencia más que su esencia y la tentación está en las calles cada segundo. Hoy en día es más fácil mirar a las tetas a una chica que mirarla a los ojos. Es más fácil ver a un rey de gimnasio que a ver a alguien que cultiva su interior. El macho alfa destaca en nuestra sociedad. Alguien que viste con una camisa Ralph Lauren y conduce un Mercedes atrae más que alguien que no tiene coche y que sus camisas no lucen ningún distintivo reconocido por la sociedad. Por tanto la infelicidad crece en las personas, y aumenta el sentimiento de posesión para mantener lo poco que realmente tienen, aunque sean cebollas podridas que pretenden ser ajos.
Así ser fiel se convierte en un trabajo difícil, algo que requiere esfuerzo, y cuando después de ser fiel tu cebolla no lo es, duele. Tu ego se ve dolido porque han desestimado todo tu trabajo y sacrificio. Pero cuando has probado numerosas cebollas y encuentras un ajo. Procuras meterlo en su tarro y valorarlo. Y no mezclarlo con cebollas que lo puedan pudrir, porque conoces su valor, lo difícil que es encontrar ajos y lo importantes que son. Y esto sucede de manera voluntaria, sin sacrificios, sin esfuerzos. Simplemente porque lo sientes así y así lo haces.
NAMASTE
Creo que lo primero que hay que hacer es definir la infidelidad. En la sociedad actual se define como tener sexo fuera de tu relación y veo que por ahí van los tiros de este post. Yo lo identifico más con no ser fiel a lo que has pactado con la otra parte.
ResponderEliminarComo va por la parte del sexo el post lo primero que quiero hacer es hablar sobre sexo.
La primera vez que tenemos contacto con el sexo es cuando somos niños y nos acariciamos y nos da "gustito". Es algo natural. Yo a mi hijo le he visto con la mano en la cola y tras preguntarle me ha dicho que le da gustito.
En una segunda fase tras mucho frotarnos llegamos a la eyaculación. Hasta este punto el único sexo que hemos tenido ha sido con nosotros mismos. Que buena sensación. Momento de intimidad y climax.
Luego crecemos y empezamos a tener sexo con otras personas, dentro de una "relación sentimental" o consentido sin más intención que pasar un buen rato y obtener placer.
Para poder seguir argumentando de otra manera a la que has hecho en este post, tenemos que analizar dos posibles tipos de actos sexuales
A. Aquellas en las que lo único que buscamos es placer. Puede ser con uno mismo, con otra persona o en grupo.
B. Aquellas que son fruto del “amor” (por definir amor) o la complicidad. Buscamos dar placer a la otra persona porque amamos a la otra persona y al mismo tiempo la otra persona está haciendo lo mismo. Hay complicidad, nos gusta el roce de su piel. Nos conecta.
El primero es solo sexo. En la segunda el sexo es solo una parte
Hasta aquí todo bien. Pero nos encontramos con la limitación de parejas sexuales que podemos tener al mismo tiempo mientras mantenemos una relación de pareja. Por lo general una.
Porque solo una pareja sexual?
• Procreación. Con nuestro ingenio, desde tiempos pasados hemos buscado la manera de obtener el placer de la relación sexual sin obtener su fruto. Hace relativamente poco tiempo que hemos encontrado la manera de jugar con fuego y no quemarnos.
Es fácil entender por qué la iglesia católica castigaba la “infidelidad” . Antes las mujeres no podían mantener por si solas a sus descendientes y estaban condenados madre e hijos a la pobreza. Antes no había métodos anticonceptivos.
Son los valores que hemos heredado y en manos de las nuevas generaciones está el ponerlos en tela de juicio.
• Miedo. Miedo al abandono. Miedo a que “nuestra pareja” “se enamore” de otra persona y no quiera compartir su vida con nosotros. Miedo a sentirnos solos. Creencia de que es un fracaso no encontrar una persona para compartir tu vida.
Creo que no debemos basar nuestra felicidad en poseer a otros, primero tenemos que ser felices solos y si quieres más feliz todavía de poder compartirte con otro y viceversa.
Esta segunda parte es algo que tenemos que trabajar internamente. Dos de los pilares de la felicidad son la libertad y el control del riesgo. En una pareja en el tema sexual se pueden ver enfrentados la felicidad de uno con el control del riesgo del otro.
Yo con mi pareja tengo en algunas ocasiones relaciones de búsqueda de placer y en otras de amor. También me masturbo. No mantengo relaciones con otras personas porque me es más cómodo masturbarme y enfocar los esfuerzos en otras cosas. Si lo hiciese no sería infiel, ya que mi pareja conoce mi manera de pensar, aunque no la comparta y si lo hiciese prefiera no saberlo.
Si mi pareja mantuviese en algún momento alguna relación sexual con otra persona con el único propósito de buscar placer no habría ningún problema. Ella solo busca placer en un momento, pero luego quiere compartir su vida conmigo. Si mi pareja mantuviese una aventura sería algo más que sexo, y me preguntaría si le aporto lo que necesita en la vida o si por el contrario no soy persona para ella.
Un abrazo amigo Fer, Mikel
Querido Mikel, gracias por tomarte el tiempo de leer y verter tu opinión, me gusta que así sea. ¿Y si te planteo el acto sexual como un acceso al concepto de unidad? Una de las cosas que estoy trabajando en los andes a través del conocimiento milenario de las culturas andinas preincas, es que todo nace de la unidad (a lo que ellos llamaban Wiraqocha). La unidad como creación, como punto inicial... lo que quizá podemos denominar Dios, para que nos entendamos. De ahí se divide en dos, Pachacamaq y Pachamama, lo masculino y lo femenino, el incio del código binario. Es cuando estando en pareja puedes trabajar con la parte que por fractalidad está dentro de ti, pero que no es la dominante. Si eres hombre poder complementarte con la energía femenina, y si eres mujer, con la masculina. En los últimos tiempos me he estado iniciando en el tantra, y he experimentado con mi actual compañera sentimental grados de conexión más allá de lo que es una relación sexual, llegando a explorar rincones que antes no había experimentado. Con esto quiero decir que como de consecuente es elegir mal, o dejar que otr@ acceda a esos rincones, mezclando de algún modo esas energías. Ahí mi pregunta.
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