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jueves, 27 de diciembre de 2012

El destino me vuelve a traer a Filipinas

La vida es tan maravillosa que te sorprende con cosas que no podías pensar hace pocos meses. A mediados de mayo de el que aún es el año que corre, ponía fin a una aventura de seis meses alrededor del único país que fue colonia española en Asia. Durante esos seis meses viajando por el país, con la única compañía de mi mochila, tuve la suerte de vivir increíbles experiencias que sin duda cambiaron algo en mi.
La realidad de Filipinas es mucho más que playas exóticas y turismo de aventura...
Cuando uno decide bucear en su cultura encuentra un pueblo roto por las diferentes invasiones que ha sufrido. Españoles, japoneses y americanos exterminaron cualquier vestigio de la cultura indígena filipina, extrayendo así la identidad de un pueblo que hoy en día sigue pagando la osadía de sus conquistadores. Durante casi cuatro siglos los españoles dejaron una fuerte huella que hoy aún perdura en sus arquitectura, en su comida y en su idioma. Lo realmente sorprendente es que los americanos en sólo cincuenta años lograran dar punto y final a lo que los españoles pudieran aportar y establecer una nueva identidad con marcadas intenciones dinerarias. El país pinoy goza de cien millones de clientes potenciales.
Para darle el toque final, el país vive bajo el yugo del cristianismo. Católicos, Baptistas, Iglesia independiente de Filipnas y alguno más adoctrinan con el miedo del fuego eterno a gente que sólo le queda la esperanza de tener una mejor vida cuando dejen esta.
Así Filipinas se convierte en una fábrica de fieles y clientes en favor del capitalismo y cristianismo occidental, a los que poco les importa la superpoblación del país, el hambre, el turismo sexual que les azota, la mortalidad infantil, la insalubridad en la que viven muchísimas familias y la corrupción que literalmente roba esperanza a un pueblo castigado desde hace siglos.
A pesar del panorama, el filipino sonríe, es amable y de corazón puro. Y es esto es lo que hace que el país enganche, que atraiga a millones de personas y que a muchas nos haga volver a pesar de haber estado afectado por la situación del país.
Por el bien del pueblo filipino y de todos los pueblos de este planeta, espero que ninguna civilización o conquistador encuentre la fórmula de cambiar los corazones de la gente. Podrán exterminar la cultura, pero no lo que son en esencia, buena gente.

Namaste!!

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