Ayer realicé un viaje al pasado sin abandonar el presente. Hace algunas semanas, me crucé por la calle con uno de los profesores de mi antiguo colegio, el cual me daba clases de gimnasia. Ese profesor, curiosamente había aparecido en una de mis meditaciones hace algún tiempo, pero no demasiado cuando hice mi curso de Reiki en China.
Aquel día que nos cruzamos aproveché para decirle que tenía muchas ganas de verle y poder charlar con mucha más calma sobre Yoga y otras cosas. Se quedó bastante sorprendido y me invitó a que un día pasara por mi antiguo colegio dónde aún seguía impartiendo sus clases.
Así que ayer fui a hacerle tan esperada visita. Cuando llegué, vi que el colegio tenía un edificio adicional del que en mi época fue un sueño. Era el edificio del nuevo gimnasio, que tras tantos años de lucha, mi profesor había conseguido. Me sentí orgulloso de ver que los rumores que escuchaba cuando era niño se habían convertido en una realidad y que otros niños estaban disfrutando de él.
Accedí al recinto y Don R estaba dando clases a chavales de unos 8 años. El conserje me dijo que le esperara en las gradas y así lo hice mientras observé como impartía sus clases, y sin poder evitarlo, vinieron a mi mente numerosos recuerdos de sus clases.
Al terminar la clase me invitó a su pequeño y austero despacho que por fin tenía. Comenzamos a hablar de mi progresión en la vida, de sus avances dentro de la enseñanza y por supuesto el motivo por el que el destino me había llevado allí. Le conté la imagen que tuve durante mi meditación en aquel curso de Reiki, lo que mi maestra me dijo sobre él y lo importante que fue entonces para mi que en aquel momento él ya nos introdujera en técnicas de meditación.
Intercambiamos cantidad de información de ciencia asiática, espiritualidad y volvimos a quedar para seguir viéndonos después de tantos años para seguir compartiendo nuestras experiencias.
Fue un viaje al pasado, viviendo en un presente muy real y reviviendo sentimientos y emociones que permanecen dentro de nosotros y que nos acompañan en el transcurso de nuestras vidas.
NAMASTE
Aquel día que nos cruzamos aproveché para decirle que tenía muchas ganas de verle y poder charlar con mucha más calma sobre Yoga y otras cosas. Se quedó bastante sorprendido y me invitó a que un día pasara por mi antiguo colegio dónde aún seguía impartiendo sus clases.
Así que ayer fui a hacerle tan esperada visita. Cuando llegué, vi que el colegio tenía un edificio adicional del que en mi época fue un sueño. Era el edificio del nuevo gimnasio, que tras tantos años de lucha, mi profesor había conseguido. Me sentí orgulloso de ver que los rumores que escuchaba cuando era niño se habían convertido en una realidad y que otros niños estaban disfrutando de él.
Accedí al recinto y Don R estaba dando clases a chavales de unos 8 años. El conserje me dijo que le esperara en las gradas y así lo hice mientras observé como impartía sus clases, y sin poder evitarlo, vinieron a mi mente numerosos recuerdos de sus clases.
Al terminar la clase me invitó a su pequeño y austero despacho que por fin tenía. Comenzamos a hablar de mi progresión en la vida, de sus avances dentro de la enseñanza y por supuesto el motivo por el que el destino me había llevado allí. Le conté la imagen que tuve durante mi meditación en aquel curso de Reiki, lo que mi maestra me dijo sobre él y lo importante que fue entonces para mi que en aquel momento él ya nos introdujera en técnicas de meditación.
Intercambiamos cantidad de información de ciencia asiática, espiritualidad y volvimos a quedar para seguir viéndonos después de tantos años para seguir compartiendo nuestras experiencias.
Fue un viaje al pasado, viviendo en un presente muy real y reviviendo sentimientos y emociones que permanecen dentro de nosotros y que nos acompañan en el transcurso de nuestras vidas.
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