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miércoles, 3 de octubre de 2012

Independencia personal

Últimamente estoy llegando a algunas conclusiones que me recuerdan a la fase independentista que tenemos en la adolescencia.

Cuándo entramos en esa etapa, sentimos la necesidad de ser independientes. Todo adolescente entra en una dinámica de lucha por las riendas de su vida, que hace enfrentarse directamente a nuestros padres.
En esos momentos nos creemos que tenemos la suficiente preparación para hacer frente a la vida y salir adelante. Y demonios, si que la tenemos, estamos jóvenes, fuertes, con brazos y piernas que nos hacen libres. Lo que pasa que el mundo de hoy en día tiene instrucciones para todo, y una de ellas dice que un adolescente de 18 años no está preparado para afrontar la vida. No lo está porque en cualquier lado necesitas unos mínimos certificados que acrediten tu formación... Esto no estaría mal si todos tuviéramos exactamente las mismas posibilidades para estudiar y para obtener dichas certificaciones, cosa que no es así.

Nos pasamos una eternidad luchando por la independencia de nuestros padres y cuando la conseguimos, nos damos cuenta que estamos dependiendo de nuestras parejas, porque en el mundo del que hablamos, pagar un alquiler, tener un coche y formar una familia hace que nos hagamos dependientes de alguien, SIEMPRE.

Bueno, pues que sepáis que esto no tiene porqué ser así. Para ello lo primero que tenemos que poner en nuestra balanza personal es lo que nosotros deseamos de corazón y lo que nos supondrá este deseo. Hay personas que viven enganchadas a un mundo material, en el que las posesiones y el reconocimiento social es fundamental. Estas personas deberán emplear su tiempo en formarse más que el resto para así ser COMPETITIVO. Cercano a los 30 años entrarán en el mundo laboral, se echarán pareja (si no es que la tienen desde su adolescencia) y en poco tiempo formalizarán una familia como Dios manda. Bravo! Vida ideal, buen puesto de trabajo, un coche, una bonita vivienda, una pareja encantadora y en ocasiones un par de retoños.

¿Pero dónde esta su etapa de independencia? Hay veces que la gente lo confunde con su etapa universitaria, porque somos semi-adultos y tenemos algunas libertades que previamente no teníamos. Pero por lo general seguimos dependiendo de nuestros padres a nivel económico y por lo tanto en algunas cosas más.

La independencia es cuando uno depende a todos los niveles de uno mismo, incluso a nivel sentimental. Hay cierta presión en la sociedad para que hagamos lo del ejemplo de más arriba, y muy poca gente experimenta la independencia en su sentido más amplio, cuando estás tu sólo delante del mundo. Cuando uno es independiente a todos los niveles, se conoce a sí mismo de una manera más profunda. Tomar las riendas de tu vida y marcar tu rumbo abre la mente. No es fácil, porque las decisiones que uno toma son su acierto o su equivocación (no fracaso, no es una palabra que entre en mi vocabulario) y la soledad aparece con cierta asiduidad. Pero esta etapa y no otra, es la que realmente nos hace adultos. Es la que nos hace entender el mundo como es en realidad y no cómo lo han pintado. Nos hacemos más sociales, más humanos, más morales, y de alguna manera más espirituales. Después de esta etapa seremos capaces de formar una familia porque de verdad lo deseemos, y no porque sea una regla social que cree dependencia. Se vivirá en un estado de colaboración y no de competición. Libres y con un fin común.

Estoy convencido de que hoy en día, las parejas se separan por esa misma razón por la que cuando éramos adolescentes luchábamos por nuestra independencia personal... porque no la han vivido, y en nuestra naturaleza tenemos esa necesidad de inspeccionar el mundo y llegar a nuestras propias conclusiones.

NAMASTE

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